PATENTES DE ARISTÓTELES A BILL GATES

Una patente es un conjunto de derechos exclusivos concedidos por un Estado a un inventor / innovador, o a su cesionario, por un período limitado de tiempo por una innovación / invención realizada. El titular de la patente (persona/ institución/ empresa) es el único que puede hacer uso de la tecnología patentada o autorizar a terceros a implementarla bajo las condiciones que el titular fije. Después de la caducidad de la patente cualquier persona puede hacer uso de esa tecnología sin necesidad del consentimiento del titular de ésta, es decir entra al dominio público. Hasta ahí una definición.

Ahora veamos lo que decía la economista Valeria Arza con respecto a la preservación del conocimiento científico: "En particular, es de vital importancia reflexionar acerca de la necesidad de preservar el conocimiento científico en el dominio público. Si bien la innovación tecnológica ocurre fundamentalmente dentro del ámbito privado, para innovar las empresas dependen fuertemente de su entorno: el aprendizaje y la innovación son procesos interactivos que requieren de un intenso intercambio de conocimiento. Son numerosos los ejemplos de innovaciones emprendidas por empresas privadas que para concretarse se valieron del acervo público de conocimiento”.

Esto no es una exageración ni una metáfora porque -y como para partir de algún punto- desde Aristóteles pasando por Ptolomeo, Copérnico, Galileo, Descartes, Kepler, Newton, Rousseau, Jenner, Dalton, Faraday, Kant, Hegel, Darwin, Marx, Mendel, Maxwell, Hertz, Weber, Planck, Pasteur, Einstein, Bohr, Heisenberg, Houssay, Leloir, Milstein y muchísimos otros más, generaron una incalculable cantidad de conocimiento que pertenece al dominio público. A lo que debemos sumar el también incalculable aporte de la enorme masa anónima de científicos/ tecnólogos de todo el mundo y de todas las épocas.

Por eso es inimaginable que Bill Gates, más alla de todo su talento creativo, hubiera podido desarrollar lo que hizo en informática y comunicaciones sin los aportes sobre el electromagnetismo que, en principio, hicieron pioneros como el escocés Maxwell y el alemán Hertz, allá por el siglo XIX. O para tomar otro ejemplo, NOVARTIS, la poderosa multinacional que produce vacunas, entre otras cosas, seguramente algo le debe a Jenner o a Pasteur.

O las empresas que producen anticuerpos monoclonales y venden por 23.000 millones de dólares/ año -sólo para tratamientos-, deben tener alguna deuda con el argentino César Milstein, quien generosamente no los patentó porque pensaba que era un hallazgo para toda la humanidad. Sin embargo, otros se lo patentaron. En pocas palabras y sin eufemismos, lo robaron. Pero no sólo a Milstein, sino a la humanidad entera. Eso sí, protegidos por la ley.

Porque debe quedar claro que las patentes, como están planteadas actualmente, constituyen una apropiación privada, legal pero ilegítima, del conocimiento público. Porque los excelentes aportes de Bill Gates al desarrollo tecnológico son minúsculos, si los comparamos a los que hicieron Aristóteles & Cía.

Nota completa: Grupo de Gestión de Políticas de Estado en Ciencia y Tecnología